El Burrito Silvestre y la piedra mágica
Había una vez un burrito que se llamaba Silvestre. Estaba un día paseándose por el bosque cuando de pronto encuentra en el piso una piedrita roja, muy lisa y brillante. El tenía en la casa una colección de piedritas y ésta le pareció muy especial. Cogió la piedrita en la mano, cuando de pronto comienza a llover. Silvestre alza a ver, y pensando que iba a mojarse mucho regresando a la casa dice "como no quisiera que deje de llover". De pronto, donde estaba la nube negra muy grande había solo cielo azul, y la lluvia pasó inmediatamente. Se quedó asombrado. Ahora dice "quisiera que vuelva a llover" y enseguida comenzó la lluvia otra vez. Ese rato se dió cuenta de que ésta piedrita era mágica. Estaba tan contento. Iba a regresar a su casa para contarles a sus papás de su descubrimento. Las posibilidades eran infinitas. Podía tener lo que él quisiera; viajes, cosas, ropa... Estaba ya regresando a la casa cuando en el camino asoma un león hambriento. El podía haber pedido que desaparezca el león, que sólamente se transporte a su casa, pero se asustó tanto que dijo "quisiera ser una piedra" y como tenía la piedra mágica en la mano se hizo realidad su deseo y se convirtió en una roca. La piedrita mágica cayó al piso. El león no sabía lo que había pasado, un momento estaba ahí un burrito y ahora sólo estaba esta roca. Se dió una vuelta a la roca oliendo y se fué. Silvestre estaba preocupado... no sabía que iba a pasar ahora. Pasaron las horas y en la casa sus papás estaban ya preocupados porque no regresaba Silvestre. Al siguiente día salieron a buscarle. Nadie le había visto. La policía le buscó pero no entontraron ningún rastro. Y así pasaron los días y los meses. Vino el invierno y se puso muy frío. Silvestre pasaba casi todo el día dormido. Finalmente llegó la primavera. Volvieron las flores y los pajaritos. La mamá de Silvestre estaba muy triste. Un día en la primavera el papá de Silvestre propuso ir a un picnic "Por qué no vamos a un picnic al bosque, allá donde le gustaba ir a Silvestre". La mamá aceptó y salieron al picnic. En el bosque encontraron una roca lo suficientemente plana como para hacer de mesa. Sin saber, pusieron el mantel y la comida en la roca que era Silvestre. Se sentaron en el piso y la mamá dice "yo siento que Silvestre está cerca". Silvestre se despertó y quería gritar, avisarles a sus papás que era él, pero como era una piedra no podía. El papá se leventó y empezó a caminar cuando de pronto ve la piedrita mágica en el piso. Coje la piedra y le enseña a la mamá y le dice "mira ésta piedra... le hubiera gustado mucho a Silvestre para su colección", y asienta la piedra en la roca. Ese rato Silvestre dice "quisiera ser un burrito otra vez" y se transforma mágicamente. No podían creer sus papás. Silvestre les contó toda la historia. El papá se dió cuenta de que ésta piedra mágica era muy poderosa y muy peligrosa. Regresaron a la casa y le guardó en un sitio seguro. Silvestre desde ese día aprendió a disfrutar de las cosas sencillas de la vida, de la compañía de sus papás y de la naturaleza. Nunca volvió a hacer uso de la piedra mágica.
